jueves, 27 de mayo de 2010

22 Junio 1829

Bustos le solicitó auxilio a Quiroga. Al mando de 5.000 hombres, entre catamarqueños, mendocinos y puntanos, el Comandante de Armas de La Rioja, Facundo Quiroga, enfrentó a Paz, el 22 de junio de 1829, en La Tablada, pero fue derrotado.Atacó a Juan Bautista Bustos, gobernador de Córdoba, el 22 de abril, en San Roque, y se apoderó del gobierno provincial. Bustos le solicitó auxilio a Quiroga. Al mando de 5.000 hombres, entre catamarqueños, mendocinos y puntanos, el Comandante de Armas de La Rioja, Facundo Quiroga, enfrentó a Paz, el 22 de junio de 1829, en La Tablada, pero fue derrotado.

Agosto 1826

Como consecuencia de la revolución federal, apoyada por Bustos, Ibarra y Quiroga contra el gobernador unitario Gutiérrez, asumió la gobernación de Catamarca, habiendo sido depuesto poco después por las tropas del General Gregorio Aráoz de La ...En esos años fue designado administrador de la Capellanía La Toma, por su hermano el Dr. Pedro Ignacio de Acuña. En agosto de 1826 como consecuencia de la revolución federal, apoyada por Bustos, Ibarra y Quiroga contra el gobernador unitario Gutiérrez, asumió la gobernación de Catamarca, habiendo sido depuesto poco después por las tropas del General Gregorio Aráoz de La Madrid. Ante esos sucesos el General Facundo Quiroga lo repuso en el mando de la provincia

jueves, 13 de mayo de 2010

El quería la paz

Quiroga no deseaba seguir la guerra. El 10 de enero de 1830 desde Mendoza escribió a Paz una carta, que tenía la primera declaración a favor de la organización nacional. A pesar de todo siguió la guerra y volvió a enfrentarse a Paz en Oncativo, siendo su ejército destrozado el 25 de febrero de 1830. Se dirigió a Buenos Aires, donde fue recibido como un triunfador. El i8 de diciembre de 1832 los gobiernos de Mendoza y San Juan designaron a Quiroga director de la guerra contra los indios que azotaban sus fronteras.

jueves, 6 de mayo de 2010

La batalla de la Ciudadela

Gral.Gregorio A. de Lamadrid.
A pesar de todos los inconvenientes, cuando se aproxima la hora de la acción, con el ejército de Quiroga colocado fuera del alcance de su artillería, Lamadrid logra estabilizar su línea de batalla. En este momento, Facundo, con una resolución que no podría suponérsele a un hombre que se encuentra enfermo como él, manda que dos de sus escuadrones se adelanten hacia los flancos del ejército de Lamadrid, quien deja que la caballería enemiga se aproxime hasta encontrarse a tiro de cañón. Manda hacer fuego sobre ella, la desorganiza y le ordena al general Pedernera que cargue, a cuyo efecto suspende el fuego de la artillería.Lamadrid, rodeado por sus ayudantes, espera el resultado de la carga de Pedernera, quien en el acto se pone en marcha. De pronto, antes de chocar con los escuadrones enemigos, Pedernera manda que los suyos hagan alto. Ante aquella maniobra inesperada, improcedente, impropia de un jefe militar que ha recibido órdenes de cargar al enemigo, Lamadrid le dice a uno de sus ayudantes:- Corra usted y dígale al coronel Balmaceda que ahora es tiempo de que cargue precipitadamente con la reserva y se lleve por delante aquel escuadrón, porque ese "alto" de Pedernera me indica que huye enseguida.En este momento, cuando la caballería de Balmaceda ya va a la carga, Facundo descubre una nueva oportunidad y manda que sus infantes hagan fuego contra la caballería de Pedernera, que se ha parado frente a sus escuadrones. Esta es la señal del desastre unitario, porque las avanzadas de Pedernera vuelven caras y tras ellas lo hace el resto, poniéndose en precipitada fuga. La última esperanza de Lamadrid es el valiente Balmaceda, coronel graduado que ha dado prueba de su valentía en cien batallas. Mas he aquí que también las tropas de Balmaceda ceden y vuelven caras, huyendo a campo traviesa, con él a la cabeza.En el otro campo, Facundo empieza a comprender que tiene la mejor parte de la contienda ganada. En éste, Lamadrid sabe que empieza la lucha llevando la peor parte. Se desconcierta primero, se desespera después y vacila sin saber qué hacer:"Mi primer ímpetu fue correr al alcance de Pedernera, derribarle de un pistoletazo, así a él como a Balmaceda y contener la tropa".Arranques dignos del temperamento de Lamadrid, pero inapropiados a las circunstancias, como él mismo lo comprende:"Mas reflexioné enseguida que algún tiempo necesitaría para esta operación y volver con la fuerza, y que la infantería, que se veía abandonada por toda la caballería, no podría menos que desalentarse, si faltaba también su general".Ahora la actitud de Lamadrid es épica. Manda que formen sus infantes, deja cincuenta de ellos al cuidado de las piezas de artillería, dispone que las bandas de música encabecen la formación, la precede él mismo, acompañado por el coronel Videla, y marcha en columnas desplegadas contra un enemigo atónito, que retrocede y se desbanda tan pronto como la infantería unitaria, integrada por veteranos de Ituzaingó, inicia sus descargas.Pero está visto que éste es un mal día para Lamadrid, pues al notar que su frente se derrumba, los jinetes de Facundo que persiguen a los de Pedernera y Balmaceda dan vuelta, cargan sobre la infantería unitaria por la espalda, y permiten que sus compañeros reaccionen, rodeando los cañones de Lamadrid, hasta apoderarse de ellos.En este momento Facundo comprende que todo depende de él, recuerda que sólo él es el alma de su ejército, y a pesar del doloroso mal que padece, monta a caballo y encabeza, aunque por breve trecho, la carga de sus llaneros. Aquí termina, prácticamente, la batalla de la Ciudadela, porque a partir de la carga que organiza Facundo todo el espíritu de sacrificio y todo el heroísmo de Lamadrid se estrellan contra la desobediencia de una tropa en derrota, sin moral, sin esperanzas de nada. A pesar de todo, Lamadrid no se entrega. Le avisan que detrás de las líneas enemigas está uno de sus escuadrones, y se dispone a salvarlo por medio de otra de sus maniobras increíbles."Resolvíme en tan desesperada situación, correr un albur atropellando el cerco enemigo con sólo mi fiel y valiente ayudante, mi hermano don Domingo Díaz Vélez y mis dos valientes sargentos, Magallanes y Ludueña, únicos jinetes que me acompañaban".Lamadrid carga contra el cerco enemigo y lo rompe. Pero ¿qué es lo que encuentra detrás? ¿Por qué aquel escuadrón, en lugar de aclamarlo, lo acribilla a balazos? Porque ese escuadrón no le pertenece a él, sino a Quiroga
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jueves, 29 de abril de 2010

Intuición

Los desaciertos de los unitarios, empeñados en organizar el país en un sistema de centralismo y la torpe política de Rivadavia le hacen comprender que los hombres como él deben defenderse para no ser barridos. Le informan que Rivadavia ha concedido la explotación del Famatina a una compañía inglesa que él mismo ha promovido; con el pretexto de la guerra con Brasil, Lamadrid, que fue enviado por el Congreso a Tucumán para enganchar soldados, ha derrocado al gobernador federal y se prepara a liquidar todas las situaciones provinciales que pueden resistir el plan unitario. El cordobés Bustos, el santiagueño Ibarra y el riojano Quiroga serán los primeros destinatario del golpe, todos lo saben pero el Congreso aparenta ignorarlo.
Quiroga intuye que los pueblos desprecian ese régimen que ataca la religión tradicional, roba fuentes de trabajo al interior, agrede las autonomías conquistadas el año 20 y estafa los anhelos de Constitución. Se lanza sobre Tucumán. En la primera campaña fuera de su provincia que afirmará el naciente mito de Facundo. En pocas semanas deshace al gobernador de Catamarca (aliado de
Lamadrid), y derrota al jefe unitario en el Tala. Luego ocupa Tucumán por uno o dos meses para retornar hacia Cuyo.

jueves, 22 de abril de 2010

Versiones

Los escritos de Quiroga resultan muy interesantes. Poseía un estilo elegante y directo; y, como demuestra el final de la carta a Lamadrid arriba citada, evitaba las formalidades inútiles, algo muy raro en su época.
Otra curiosidad suya era el conocimiento que tenía de La Biblia, de la cual lograba citar de memoria páginas enteras.
La rivalidad entre López y Quiroga tuvo visos muy singulares: Quiroga poseía un caballo negro predilecto llamado "El Moro", del cual se decía que adivinaba si vencería o no en la batalla. En cierta ocasión, "El Moro" — del cual se había apropiado Lamadrid — fue encontrado en Córdoba por hombres de Estanislao López, quien se apropió del animal. Quiroga elevó enérgicas protestas y amenazó con una guerra abierta a López. Rosas medió entre ambos, aunque nunca se logró la devolución del caballo. Aprovechando la situación, López afrentó nuevamente a Quiroga, diciéndole que "El Moro" era un "matungo", un caballo de poco valor.

jueves, 15 de abril de 2010

Carta de Facundo Quiroga a Juan Manuel de Rosas

Los caudillos asumirían un rol de intermediación con respecto al pueblo soberano, que las minorías ilustradas de las ciudades no podrían alcanzar. Su autoridad devendría de su condición de héroe, de arquetipo humano y, al mismo tiempo, de compartir la aguerrida y dura vida militar con sus subordinados, al margen de las fracciones ideológicas que regían la época. En las presentes correspondencias, el debate gira en torno a la necesidad o no de constituir una Comisión Representativa que moderaría el poder de los gobernadores porteños frente a las demás provincias y en las diferencias entre ambos caudillos.


Tucumán, enero 12 de 1832

SEÑOR DON JUAN MANUEL DE ROSAS:

Amigo de todo mi aprecio: contestando a su favorecida del 14 de diciembre digo a usted: que el no haberle dicho nada del parecer que me pedía en su apreciable de 4 de octubre con respecto a la formación de la Comisión Representativa y de la oportunidad para la reunión del Congreso, fue creyendo que mi silencio mismo le debía hacer entender el motivo; pero ya que no lo ha comprendido se lo explicaré claro y terminante. Usted sabe, porque se lo he dicho varias veces, que yo no soy federal, soy unitario por convencimiento; pero sí con la diferencia de que mi opinión es muy humilde y que yo respeto demasiado la de los pueblos constantemente pronunciada por el sistema Federal; por cuya causa he combatido con constancia contra los que han querido hacer prevalecer por las bayonetas la opinión a que yo pertenezco, sofocando la general de la República; y siendo esto así, como efectivamente lo es, ¿cómo podré yo darle mi parecer en un asunto en que por las razones que llevo expuestas necesito explorar a fondo la opinión de las provincias, de las que jamás me he separado, sin embargo, de ser opuesta a la de mi individuo? Aguarde pues un momento, me informaré y sabré cuál es el sentimiento o parecer de los pueblos y entonces se lo comunicaré, puesto que es justo que ellos obren con plena libertad, porque todo lo que se quiera, o pretenda en contrario, será violentarlos, y aun cuando se consiguiese por el momento lo que se quiera, no tendría consistencia, porque nadie duda de todo lo que se hace por la fuerza o arrastrado de un influjo no puede tener duración siempre que sea contra el sentimiento general de los pueblos(...)Saluda a usted con la consideración que acostumbra, su amigo afectísimo que besa su mano.

JUAN FACUNDO QUIROGA